Desde el 2020, varios clubes de barrio de Bahía Blanca, se unieron, se organizaron y plantearon diferentes líneas de trabajo y abordaje. Sobre todo, entendiendo el rol que ocupan en la vida de cada persona que pasa gran parte de su vida en ellos.
Al poco tiempo, encontramos que muchos otros clubes se habían unido a lo largo y ancho del país. Y no quisimos ser la excepción, así que en el mismo sentido, nos unimos a la Unión Nacional de Clubes de Barrio. https://uncb.com.ar
Con mucho orgullo decimos, somos parte de un espacio de solidaridad y trabajo mancomunado, donde el centralismo no tiene lugar, sino todo lo contrario, es el sentido federal el que abraza a cada club en cada rincón de nuestra República.
A raíz del temporal sufrido en Bahía Blanca el día sábado 16 de diciembre del 2023; muchos clubes han quedado devastados en su infraestructura aunque no en su moral identitaria.
La posibilidad de interpretar conceptos desarrollados por diferentes autores que han estudiado las relaciones de poder, las transformaciones sociales, las hegemonías culturales y sociales, las identidades que, en relación al deporte y a las instituciones se suceden; nos permite entender la coyuntura desde donde hoy emergen los clubes: de los derrumbes, voladuras de techos, desplomes de tapiales, clubes, que hasta ayer, eran parte de la historia vívida atravesada por distintas generaciones que los vieron nacer y crecer.
Aquí subyacen dos conceptos que resumen la construcción institucional de un pasado atravesado por la corriente inmigratoria y la educación.
Se hace necesario plantear la impronta con que se construyeron las identidades comunitarias, donde el mapa territorial, expresa un modo de ver, vivir, de ser y pertenecer al barrio y al club; entendiendo a la identidad como materia prima de esa construcción y reconstrucción que en general no se cuestiona.
En estos barrios y en estas instituciones donde se contraponían la identidad y la existencia de otras memorias que identificaban las luchas políticas, desapariciones, estafas, bancarrotas, créditos usureros,etcétera, construyeron una memoria no oficial.
En este sentido, a modo de ejemplo, podemos decir en clave comparativa histórica y coyuntural que, hoy la perspectiva de género en instituciones deportivas, constituye la ruptura identitaria, en la que se percibe una gran resistencia hacia dentro y fuera de las instituciones.
Los clubes en Argentina, tuvieron su origen en las clases altas, quienes admiraban a Inglaterra. Sin embargo, sin los dos hechos políticos mencionados anteriormente, la inmigración y la educación, no hubieran surgido los clubes de barrio, ya que las demandas de otras clases sociales (llegadas a nuestro país) sin derechos políticos y con el ánimo de instalarse, de construir unión y sentido de pertenencia, posibilitaron la multiplicación de la asociación, organización económica, la formulación de estatutos, etcétera. La identidad de un barrio se plasma en su historia, en la historia de cada una y uno de sus actores y la interacción entre ellos.
Ante el avance inexorable de la globalización, el barrio se levanta como uno de los últimos bastiones, como generador de resistencias en pequeña escala. Hoy el barrio es uno de los referentes territoriales de pertenencia identitaria donde aún resisten los lazos interpersonales y plantea la posibilidad de reconstruir un patrimonio en común.
El rol de las niñeces
En Argentina la finalidad que persiguen los clubes no es el lucro, sino fomentar la práctica deportiva, las actividades culturales y recreativas, el fortalecimiento de los lazos sociales, contribuir a la identidad de la institución partiendo de la idea de que los dueños de ella son las socias y los socios a través de su participación democrática en asambleas y otras instancias de toma de decisiones.
Con respecto al lugar que las infancias han ocupado y ocupan en los clubes de barrio, podemos mencionar varios estudios que desarrollaron diferentes líneas de investigación.
Sin embargo, en estas pocas líneas, se quiere demostrar el rol fundamental que las niñeces tienen en los clubes, quienes dan sentido al funcionamiento de los mismos por su gran función social y de contención.
Los roles que ocupan las niñas, niños y adolescentes dependen de la construcción social, política y cultural de cada etapa socio-histórica. Las instituciones en las que las personas asisten, transcurren, se forman y aprenden, producen y reproducen relaciones, discursos y prácticas que definen y contribuyen al desarrollo de las infancias y las adolescencias.
Asimismo, las leyes que acompañan la protección de derechos para con niñas, niños y adolescentes, enmarcan la perspectiva en que las mismas, no forman parte de las instituciones con una función meramente deportiva, sino que buscan una participación activa, donde sus opiniones también deben ser escuchadas y tenidas en cuenta a la hora de pensar los clubes y su desarrollo institucional y territorial.
Redes comunitarias
Los clubes de barrio, tienen un gran arraigo identitario hacia el desarrollo de la comunidad, desde lo deportivo, social y cultural; los clubes se convirtieron en instituciones indispensables para el fortalecimiento y desarrollo de los barrios y sus habitantes.
Quien me conoce sabe que cuando hablo de deporte, prefiero abordar la noción de cultura física como concepto amplio; y en este sentido, es imprescindible hablar de la cultura fìsica y de los clubes de barrio, como construcción ciudadana, buscando que los y las jóvenes e infancias, adultos, adultas, y ancianidad, sean protagonistas de sus propios proyectos, donde puedan constituirse como actores de sus propios intereses, en la formación de su identidad y el desarrollo de sus potencialidades; en un espacio en el que las instituciones de su barrio, ciudad, sean referencia y en el cual su palabra y su acción sean tenidas en cuenta.
Los clubes de barrio potencian la oportunidad de integración, de valoración propia y de otras y otros, la estimación y el respeto mutuo. Estas, son herramientas que la sociedad puede adquirir a partir de contar con las condiciones para que esa oportunidad se concrete.
Porque los clubes de barrio, son instituciones convocantes donde profesores, entrenadores, dirigentes, funcionarios y funcionarias son facilitadores de ese proceso, portadores de instrumentos que se adecúen a las necesidades de la población. Lo que, en muchos casos, presume superar la competitividad y el triunfalismo poniendo el énfasis en prácticas deportivas recreacionales, que posibilitan la inclusión de toda la ciudadanía, de distinta proveniencia social, edades diferentes y necesidades de diversa índole.
Los clubes de barrio, son la “excusa” perfecta para que los procesos que se dan en ámbitos formales, transcurran fuera de ellos de una manera más liberadora, donde la inclusión no sea sólo un medio que debilite las situaciones de vulnerabilidad, sino donde los y las participantes, aprendan a co-construir espacios democráticos donde la voz sea tenida en cuenta y donde puedan también tomar sus propias decisiones.
Que estos espacios en su génesis buscan la interpelación del otro/a como sujeto de derecho, en donde la comisión directiva en tanto órgano de gobierno de la asociación, sea capaz de cumplir con las demandas del barrio, en proyección de ciudad.
Los clubes de barrio, son espacios donde se concibe el deporte como derecho humano para la inclusión social y en articulación con las instituciones barriales, indispensables para el desarrollo del tejido social.
¡Qué vivan los clubes de barrio!
¡No a las SAD! Los clubes son de las socias y los socios
¡Qué viva la Unión Nacional de Clubes de Barrio!
Lic. Mg. Nadia Delelisi
Presidenta de la Unión de Clubes de Barrio Filial Bahía Blanca.
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