Como decía antes y comparto con Rosa Cobo Bedia, el proceso histórico del feminismo lleva ya 3 siglos como movimiento social. Rescato de ella el “tenemos genealogía”, historia, proceso, métodos, análisis, secuencias históricas que nos trajeron hasta acá (a la cuarta ola), no como un fin sino como un proceso continuo de emancipación, de autonomía.
Como dice Celia Amorós (2000) la teoría feminista “hace ver”, visibiliza las desigualdades de género, “les saca oscuridad y silencio”, dice. Y siento que tiene mucho que ver con nuestros sustentos teóricos diarios y sobre las prácticas diarias. Eso de ponernos a la ofensiva y salir del rol defensivo.
En la actualidad, los movimientos de ultraderecha con una gran disposición de recursos materiales, tecnológicos y humanos, promueven el antifeminismo poniéndolo en la misma valoración jerárquica, en tanto no son espacios colectivos democráticos y de construcción comunitaria, sino todo lo contrario, donde utilizan términos como “ideología de género” para desprestigiar y deslegitimar al movimiento LGTBCIA+ y a la democracia.
Ayer escuchaba a Cristina sobre la construcción de los varones y la política. Cómo construyen el poder político y direccionan a las mujeres de la política. No es muy distinto a cómo los varones imponen su patriarcado en el deporte, en la salud, en la cultura, y en cada lugar que ocupan, que prácticamente son casi todos los que no tienen que ver con cuidados.
Podemos pensarlo como que son todas las dimensiones en donde las mujeres y diversidades nos movemos en la vida: mujeres y política; mujeres y trabajo; mujeres y deporte; etc. y cada una con sus variables e indicadores de situación de desigualdad.
Y ahí, encuentro a los procesos de deconstrucción de las masculinidades, donde los mismos varones fueron criados en base a privilegios, a ocupar "lo público", con determinados mandatos, y obviamente en ese contexto nos ven como una amenaza. Sin embargo, creo que es imprescindible construir con nosotras y nosotres una nueva manera de habitar este mundo.
Sin ser naif, pero con la convicción de que no se puede decir una cosa y hacer otra.
Que este 3J nos interpele ser mejores mujeres y diversidades con otras mujeres y diversidades, que este 3J nos permita una construcción multidisciplinar, interseccional y antipatriarcal.
Después de 10 años de esa movilización masiva en la que fuimos protagonistas, renovemos nuestro compromiso por un estado que se haga cargo de las desigualdades y las violencias por motivo de género, planificando políticas públicas y promoviendo la discusión seria, profunda y transversal.
Que este 3J nos encuentre unidxs y organizadxs.

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